TIEMPO DE PANDEMIA: MENUDA TROPA DE COBARDONES


Digo yo que, si nos entrenáramos, podríamos ser aún más cobardicas. Y ya puestos, batir el récord mundial de lo infame. Porque a más de uno se le tendría que caer la cara de vergüenza cuando, dándole al botellón en plena pandemia, y tras irrumpir los maderos en la fiestuqui, pierde el culo por esconderse debajo de una cama. Y otro sale despendolado para ser el primero en saltar por la ventana del baño. Eso cuando no hay un idiota que quiere meterse dentro del horno, como si fuera un pavo de Navidad. Que allí mismo tendrían que asarle los cataplines. Sea como fuere, dijimos adiós a las armas y nos volvimos unos gallináceos, tanto que vamos como pollo sin cabeza. Gente que huye de la disciplina y flipa saltándose las clases. Luego, cuando nos pillan, ponemos cara de pánfilos delante de papá. Ese otro cobardón, que, con tal de no enfrentarse a mamá , y que ésta le deje tranquilo, paga las multas y lo que haga falta. Pues ahora, que la cosa se pone chunga, no sé yo si esta tropa que hemos alumbrado se dará media vuelta en mitad de la trinchera para echarse a lloriquear. Y después tender la mano, a ver si cae un subsidio o esa paguita. Que el cementerio está lleno de valientes sin placa. Y eso no mola ni media.


 

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