MUCHO ANTES DE LA PANDEMIA: CORRIENDO POR UNA BANDA IMAGINARIA EN EL MADRID DE LOS SETENTA


Aquellos días de noviembre eran fríos. Y luminosos. Como el cielo de un Madrid que olía a cemento, ladrillo y solares a medio construir. Sobre todo, cuando el anticiclón de las Azores azuzaba esa pertinaz sequía de los últimos años del Régimen.


Y es que, para un crío de la EGB, Madrid era un suburbio donde el aire de otoño silbaba a invierno. Para colarse por las rendijas de una parka que te abrazaba un día sí y otro también.


Hasta que algún día te la quitabas para dejarla sobre la cartera. Sin donuts, que esos los veías en los anuncios de una tele en blanco y negro. Porque lo que a ti te iba, de verdad, era el pan con chocolate. Entonces, alguien sacaba un balón, con las costuras bien untadas en sebo, para que durara otro par de temporadas. Y te liabas a correr por aquella banda imaginaria. Plagada de socavones, más de un pedrusco y tanta inocencia infantil. Entre edificios en construcción, lo mismo que nosotros.

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