SAN VALENTÍN, METIDO A SUPERHÉROE


A mí es que ponerme tierno esta próxima semana, con más de 3.000 historias rotas por la COVID, sólo en España durante estos últimos siete días, como que no.

Y mira que lo siento, porque el amor es el motor que mueve el mundo. Y San Valentín es un santo molón, que debería pilotar ese formula 1 que arrasara en el gran premio de la vida.

Pero va a ser que esta competición, en un año tan fatídico, es como las Olimpiadas de Tokio, que se disputarán de aquella manera.

El amor es inocencia. Porque significa dar sin pedir nada a cambio. Y es generosidad, puesto que equivale, precisamente, a darlo todo. También es compromiso, ya que implica fidelidad.

Amor es luchar por otro, levantar un edificio sólido, infranqueable. Entonces, y viendo cómo está el patio, a San Valentín, con el permiso celestial, lo vamos a sacar del santoral para colocarle una capa de superhéroe, con ración extra de kriptonita. Que buena falta le hace.


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