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QUE NO ABUELA, NO ME PIENSO PONER PELUQUÍNabuela


Dice mi abuela Carolina que andamos enredados en una sistemática negación de la realidad. De ahí que, cada vez, seamos más extremistas.


Y me recordó esta madrugada, en una de sus apariciones, que tras operarse de cataratas le montó un pollo al doctor porque le había dejado unas arrugas horrorosas. Y claro, es que, por fin, podía verse bien en el espejo.


Pues eso, que mi abuela, al ver la realidad tal cual, se dio cuenta de su fantasía. ‘Ya decía yo que, con 90 años, no podía tener menos arrugas que Isabel Preysler’, me confesó. Lo mismo que yo, por mucho peluquín que me ponga, nunca seré Brad Pitt.


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