PERDEDORES DEL MUNDO, UNÍOS


Perder es lo más democrático del mundo. Y es que palmar, como le pasa a todo hijo de vecino, hay que ver cómo une. Hasta crea conciencia de clase.

Luego están los Messi de turno, esos tipos odiosos, que se cuentan con los dedos de una mano. Y a los que les faltan brazos para contar los billetes que ganan.

Esos, digámoslo claro y sin rodeos, son totalitarios, unos dictadores que sólo comparten las migajas. Gente obsesionada con ganar, ganar y ganar. Y encima se las pira a Andorra. Hay que ver, será posible...

Porque, a mí, que soy tan envidioso como el español medio, me mola el que siempre pierde. Lo reconozco, me flipa. No puedo evitarlo.

Me lleva al huerto el que casca hasta cuando juega al solitario. Ese tío feo, peludo, cejijunto, gafotas. Y si encima es calvorotas, como yo, ni te cuento.

Sufro con sus desgracias y se me eriza el vello al saber que algo le sale bien. Alabo su empuje cuando, a pesar de los pesares, se viene arriba a las primeras de cambio. Vibro con ese maromo que se pone más tierno que un bollycao cuando una tía buena le dedica, aunque sea de soslayo, una simple sonrisa.

Yo creo que los perdedores del mundo deberíamos unirnos. Ahora que la pandemia ha machacado los resort de los ricos, que las dentaduras de artista se han ido de vacaciones y que el Atleti va a ganar la Liga.

¿Alguien más se apunta a la revolución?


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